DIOSA Y LA VENUS DE LAS PIELES

Como colofón a las sugerencias literarias mencionadas en mi último artículo sobre BDSM –Diosa y La Venus de las pieles-, aquí te presento algunas de los momentos y escenas que más me han cautivado. ¿Te apetece dedicarles unos minutos de tu escaso tiempo ? ¿He oído que sí? Pues, ponte cómodo y …adelante.

En la primera de ellas –Diosa, (Juan Abreu, La Sonrisa Vertical, Tusquets, 2006)-,  me he decantado por seleccionar  dos momentos : la presentación que hace su protagonista, Laura Valero, de su experiencia,  buscando la complicidad de un  lector  animoso y sin prejuicios; y en segundo lugar,  su interesante reflexión final acerca del concepto de libertad.  Lo que media entre  estos dos extremos nos habla del aprendizaje que la sumisa Laura obtiene de Maestro Yuko y que, ocasionalmente,  nos podrá perturbar, desagradar o encantar: aquí lo escabroso, brutal y  poético se reúnen en un mismo texto. Si sois lectores cómplices y curiosos, esta pequeña ficción literaria de Juan Abreu seguro que no os defraudará.

“(…)Todo lo referente a mi cuerpo y a la sexualidad de mi cuerpo me parece ahora natural.

   Y así lo digo, naturalmente. No hay nada que ocultar.

   No sé qué es la vida para ti, querida lectora, querido lector, pero para mí es algo que se mastica y se abraza, que se vive con el alma, sí, pero también, y fundamentalmente, con la piel, los huesos y las entrañas.

   La vida es algo que nos dice: ¡atrévete!

Lo aprendí de mi Maestro. (…)”

   “(…) Mi aventura, jornada introspectiva, viaje emprendido hacia el centro de mi ser… ¿cómo llamarlo?, no ha sido fácil. Ni ha sido acometido a la ligera. Eso lo puedo asegurar sin el menor asomo de duda. Hubo momentos en que quise abandonar. Pero el deseo de conocerme y la visión de un abismo, no tenebroso, sino de luz, sirvieron de acicate para seguir adelante. Un abismo en el que, paradójicamente, cuanto más descendía, más pureza e inocencia alcanzaba. Es difícil de explicar, pero lo intentaré: a cada tramo superado, pasada la sacudida, era como si las enormes, cálidas manos de un dios moldearan mi ser reblandecido y sediento y lo mejoraran, preparándolo para la próxima etapa. (…)”

   “(…) Algunos pasajes de esta historia parecerán brutales. Lo son. Los rituales del sexo suelen serlo. El sexo es un territorio regido por la violencia y el abandono de las reglas. Pero en esa violencia suele habitar una indescifrable ternura. Muchos pensarán en términos de perversidad y depravación; yo respondo que donde hay amor, aprendizaje, superación y autenticidad, no hay suciedad ni pecado (…)”

 ” (…) Ésta es mi aventura. La crónica del viaje hacia mí misma, hacia la libertad.

Se habla mucho de la libertad en términos abstractos; pero la libertad es lo que cada uno de nosotros se atreve a hacer de ella. Día a día, minuto a minuto. La libertad es madre de una nueva realidad. Una realidad superior, nutriente y candorosa. Una realidad difícil, pero alcanzable (…)”

   “(…) ¿Cómo me siento después de haber realizado ese viaje, después de tantos instantes de angustia, de terror, de exaltación, de dolor, de vergüenza incalificable, de extrema libertad, de gozo apenas soportable? Me siento poderosa. Segura. Mi rostro en el espejo posee una veracidad emocionante. Una autenticidad hasta ahora desconocida. ¿Qué he aprendido? Que el conocimiento está íntimamente ligado al sexo. No me refiero al conocimiento intelectual, esa acumulación de datos y preceptos tantas veces inútiles, sino a cierta sabiduría de la carne. A una conexión con lo ancestral en nosotros. A un estado de conciencia superior al que da acceso el cuerpo. Sólo el cuerpo. Me refiero a una trascendencia física. A una región donde todo se licúa y forma parte de un estallido.

El cuerpo es libertad y la libertad conocimiento. He aprendido que las puertas que nos llevan a la paz con nosotros mismos, a la satisfacción de saber que nuestra vida ha valido la pena, ha tenido sentido, pasan a través del grado de curiosidad y de coraje a la hora de enfrentar nuestros demonios (aunque yo prefiero catalogarlos de ángeles) sexuales. Los caminos que nos aguardan más allá a veces son tortuosos, pero si tenemos el valor de no claudicar, de no regresar a la seguridad de lo ya alcanzado, de lo conocido, si nos atrevemos a seguir mirando nuestro propio rostro al final de la tormenta, encontraremos nuevas virtudes, nuevas libertades.

   Nuevas dichas. Nuevas formas de generosidad, de bondad. Y descubriremos que la libertad usada es sosiego y sabiduría. Y fuerza.(…)”

El texto seleccionado de la segunda lectura, La Venus de las pieles, de Leopold Sacher Masoch (La Sonrisa Vertical, Tusquets, 200???, nos traslada al instante en que Severin decide inmortalizarse  en un cuadro junto a su amada Wanda, a sus pies para ser más exactos, a modo de justa réplica de la Venus del espejo de Tiziano.  Dicho cometido corresponderá al pintor y también admirador alemán de Wanda, quien sufrirá asimismo su hipnótico hechizo e inevitable  sumisión.  El cuadro de Tiziano ha marcado la personalidad y obsesión de  Severin , y en última instancia, ha transformado su vida.

(…)  Cuando salió del baño, y las gotas plateadas y la sonrosada luz se deslizaron por su cuerpo, me sentí presa de un éxtasis silencioso. La envolví con las toallas y sequé su espléndido cuerpo, y todavía sentí cómo perduraba aquella dicha tranquila cuando, con uno de sus pies colocado sobre mí, como si de un escabel se tratara, Wanda se tumbó a descansar de nuevo sobre los grandes cojines, envuelta en el gran abrigo de terciopelo, con las elásticas pieles de marta amoldándose a su frío cuerpo de mármol, y el brazo izquierdo reposando sobre las oscuras pieles como un cisne que duerme, mientras su diestra jugueteaba descuidadamente con el látigo.

Entonces mi mirada se deslizó por casualidad por el imponente espejo colgado en la pared de enfrente. Pegué un grito al ver nuestra imagen en un marco dorado, y era un cuadro tan maravillosamente bello, tan extraño y fantástico, que me sobrecogió una tristeza profunda ante la idea de que sus líneas y sus colores fueran a disiparse como la niebla. (…)

(…) Resulta espantosa la idea de que esa belleza extraordinaria -continué, contemplándola con entusiasmo-, que esas magníficas facciones y esos ojos tan extraños, con su verde fuego, que ese cabello demoníaco y esa suntuiosidad del cuerpo se pierdan para el mundo. Esa idea me llena de un tremendo horror ante la muerte, ante la destrucción. Pero la mano del artista debe arrancarte de todo eso, tú no deberías desaparecer para siempre, como nos ocurrirá a todos nosotros, no deberías desaparecer sin dejar rastro de tu existencia. (…)

(…) Me imagino a una diosa del amor que ha bajado del Olimpo para reunirse con un mortal e intenta calentar su venerable cuerpo entre unas grandes y pesadas pieles, con sus pies en el regazo del amado. Me imagino al favorito de una hermosa déspota como ésa, una mujer que azota a su esclavo cada vez que se cansa de besarlo, y que es tanto más amada por éste cuanto más patadas ella le propina. Por ese motivo daré al cuadro el título de Venus de las pieles. (…)

 

 

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