Conociendo mejor a D. Pene

En vista de la polémica que suscitó en Facebook mi artículo sobre El Clítoris, he decidido escribir uno sobre el pene. Quiero comprobar si éste corre la misma suerte.

Al contrario que Doña Vulva, Don Pene es archiconocido en el mundo entero. Ya desde pequeñ@s nos acostumbramos a ver penes dibujados en el suelo de las calles, en los contenedores de basura, en el muro de la fachada del tren, en los en baños públicos, en la pizarra de clase…penes por doquier y en los lugares más insólitos. Con todo ello, difícilmente puede haber alguien que albergue dudas – al menos grosso modo- sobre su forma anatómica: es un miembro que nos resulta familiar.

El Sr.Pene ha sido encumbrado a lo más alto; representa el poder, la fuerza, la espada, incluso en algunas culturas es signo de buena suerte. Cuando algo es fantástico, impresionante, divertido, magnífico se califica como “la polla” . Sin embargo, cuando algo es todo lo contrario: aburrido, tedioso, pesado o cutre, se dice que es “un coñazo”. Sí, amigas y amigos, el lenguaje es muy revelador. Al igual que alguien muy valiente tiene “muchos cojones”, nuestro querido coño representa todo lo opuesto a esos maravillosos valores. Podemos ver esta diferencia en nuestro día a día, y no es ni mucho menos una apreciación feminista. Nos guste o no, así es la realidad en la que vivimos, y si no que opinen los expertos en PNL (Programación neurolingüística)

Imagen de Cristina Callao

Cuando un bebé toca sus genitales como forma de conocer su cuerpo, igual que hace con sus pies o sus manos, hay dos reacciones muy típicas:
1. Si es niño… “Mírale como se toca ya el jodío, éste va a ser fino, eeehhh” (en tono de orgullo y fanfarroneando)
2. Si es niña… “Quita nena, que ahí no se toca” (creo que sobran los comentarios…)

Esta diferencia de percepción admite un artículo mucho más extenso. De hecho, y porque creo que merece una profunda reflexión por parte de todos, me comprometo a abordarlo en futuros posts.

Como la clase de anatomía sobre el pene sobra -visto lo visto- voy a ocuparme aquí de otros aspectos menos conocidos 😉

¿Qué tal un poco de historia? Veamos…

Mucho tiempo atrás, el pene apenas tenía protagonismo. Lo que asombraba verdaderamente a los hombres prehistóricos era el embarazo y la concepción. La vulva femenina era representada en los murales prehistóricos y objetos esculpidos en torno al 30.000 a.C. La primera divinidad fue, pues, la diosa-madre.

Será con el transcurrir del tiempo cuando se reconocerá el papel del hombre en la concepción, y su semen como la simiente en el vientre de la mujer. Así es como el pene comienza a adquirir relevancia. A partir de ahí, la representación de las vulvas comienza a competir con la de los penes erectos.

Los egipcios, griegos y romanos fueron fieles adeptos del culto fálico. Vasijas, objetos esculpidos, estatuas decorativas, joyas, las batientes de las puertas, las flechas de indicación, pinturas… Los penes en erección estaban presentes y eran los reyes de la vida cotidiana, de las ceremonias y de los cultos.

A partir de entonces, incluso pueblos desnudos utilizaron fundas muy voluminosas para atraer las miradas sobre el miembro reproductor. En la Edad Media se inventó la famosa bragueta, que solía confeccionarse con telas coloridas y con relleno, y con idéntica intención: una llamada de atención y una exhibición como trofeo.

Freud llegó a crear teorías sobre la omnipresencia del falo y su relación con el poder masculino. Actualmente, se sigue valorando al pene de manera triunfante y asociándolo a una mal entendida masculinidad: cualquier objeto cilíndrico, sea un bolígrafo, un plátano, un cactus o la torre de Pisa, se transforma automáticamente a nuestro ojos en un miembro fálico. Lo que está claro es que la vulva ha sido relegada a un segundo plano.

Tendríamos que aprender a reconocer el valor de ambos, a compartir su protagonismo y valor como homónimos en la creación de la vida y el placer sexual.

Vamos a continuación con algunas curiosidades históricas. Se cuenta que un hombre compró el pene de Napoleón y lo tuvo durante tres décadas debajo de su cama. Actualmente pertenece a la hija de un urólogo estadounidense que lo compró en una subasta por 3000 dólares.

Al parecer, el pene del emperador, junto con el de Hitler y el de Tutankhamon, están entre los más pequeños de la historia. En el otro extremo se encuentra el de Rasputín, que cuenta entre los más grandes de la historia. Su tamaño en erección o, más bien semi erección, podía alcanzar alrededor de 40 cm. Su miembro se encuentra expuesto en el museo erótico de San Petesburgo.

 

Más datos curiosos…
• Se necesitan más de 100ml de sangre para conseguir una erección.
• Alemania tiene el récord en alargamiento de pene.
Fumar acorta el tamaño del pene ya que provoca atrofia vascular y esclerosis del cuerpo cavernoso.
• La piel del prepucio es de las pocas partes del cuerpo que no suda.
• El orgasmo de un hombre dura de media seis segundos, el de la mujer veinticuatro.
• Uno de cada mil hombres tiene la flexibilidad suficiente para practicar consigo mismo sexo oral.
• Un famoso restaurante en Pekín está especializado en servir penes. Tienen más de treinta tipos diferentes (¡de animales, claro!)
• La velocidad de la eyaculación es de unos 45 km/hora.
• Existen alrededor de unos 100 casos de diploplia, es decir, hombres con dos penes.

Y esto ha sido todo querid@amig@, seguro que has aprendido cosas interesantes. Si es así y te ha gustado comparte. Ya sabes aquello de… ¡compartir es vivir! 😉

¡Mil gracias!
Super abrazo, Gema Martín

 

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