Bajo los “Sumisos Dominios” del BDSM. Parte II

Madonna, misteriosa  e impecable con su uniforme de dominatrix, acariciaba sugerentemente el látigo -ávida de hacerlo restallar- en el vídeo que ponía fin al anterior artículo dedicado al BDSM. Siguiendo la invitación que su bruñida e infinita uña -por momentos amenazante plumín- nos brindaba, voy a dedicarle también el comienzo de éste, como embajadora de la transgresión por méritos propios.

Porque, casi al mismo tiempo que el álbum Erotica,  publicó también un coffee table book  (un libro que en principio parece tener  que ver más con la decoración que con la literatura) bajo el escueto y explícito título de Sex. Dicho libro granjeó a la bella transgresora numerosas críticas y censuras, y de paso, pingües beneficios. Fotografías y textos con Madonna como protagonista principal encarnando a una femme fatale bajo el nombre Misstress Dita, tomado de la actriz alemana Dita Porla.

 

En el volumen se reúnen algunas de sus locas fantasías, a las que más tarde daría “cuerpo” en el vídeo Erotica, como cuando se atreve a hacer autostop desnuda y divertida, a modo de guinda final. Libro y disco repiten una particular tipografía, caótica y algo aniñada, a excepción del plumín que admitiría un perverso uso sobre la  piel si, en lugar de tinta, se emplease sangre; esto habría supuesto llevar hasta las últimas consecuencias aquella rancia consigna educativa: ”La letra, con sangre entra”, idea de la que se ha servido el artista de  body art  Günter Brus en algunas de su radicales obras (Me tiemblan las rodillas).

No contenta con su eso, remató su poderío interpretando a otra femmefatale  en El cuerpo del delito (U. Edel, 1993) junto a W. Dafoe, regalándonos escenas tan ardientes como la del cirio derritiéndose sobre el torso del asustado amante. Para quienes sueñen con emular la famosa escena y teman lesiones irreparables (yo misma, sin ir más lejos), existe una “versión cobarde”: velas que se deshacen en aceite de masaje, ideales para las menos intrépidas -pero igual de soñadoras- (me seduce la “Vela de masaje sensations candle petit bonbons” de Bijouxindiscrets, formulada a partir de una receta del Kamasutra (¡ohhh!). http://www.bijouxindiscrets.com/

 

Las más aprensivas contamos también con otros recursos para dar rienda suelta a nuestra imaginación bondage: siempre podremos ocupar nuestras manos -a falta de un buen látigo y arrojo para usarlo sin pestañear- con un buen libro, anulando el riesgo de sufrir en nuestra epidermis variadas mutilaciones. O bien un indoloro clik nos facilitará el acceso a un universo cinematográfico colmado de sorpresas, considerando  las múltiples formas de expresión de las que se vale Eros, el dios más juguetón y revoltoso.

Como las Las sombras de Grey de E.JAMES han puesto de moda las lecturas de inspiración sadomasoquista -gracias E.J. James- y ya tienen miles de seguidores, corrijo, seguidoras, voy a permitirme refrescar una antigua lectura y, de paso, recomendarla a quien tenga valor y curiosidad para sumergirse en ella sin mayor escándalo (como mucho bastará un Omeprazol, porque la crudeza de algunas escenas podría poner algún estómago patas arriba). Bondage nipón extremadamente crudo, bello y espiritual.

 

Se trata de Diosa, una perturbadora novela de Juan Abreu, de la colección La Sonrisa Vertical(2006) ,-¿hace falta explicar la metáfora?-, la de tapas color chicle tan fácilmente reconocible y que, a la vista de la reciente divulgación del género erótico, ya no es necesario forrar para leer en el transporte público. De hecho, podríamos prescindir de la  sobrecubierta amarilla que abraza el texto que aquí nos ocupa, aunque eso implicaría perdernos el bello y delicado moño de la geisha que lo ilustra. En apenas 159 páginas -un librito comparado con “la Trilogía de la que habla todo el mundo-” la protagonista, Laura Valero, nos confía su aprendizaje como sumisa de la mano -firme, cruel y amorosa- del Maestro Yuko, amo de amos.

 

Ella misma advierte al lector de la crudeza de su experiencia, animándole (“Atrévete”) a vivir sus fantasías más ocultas sin miedo. Y como un regalo añadido, la lectura se completa  con algunas imágenes del pintor erotómano nipón K. UTAMARO, tan delicado como explícito.

Por si os ha sabido a poco, mencionaré una segunda lectura (¡hay tantas!) igualmente recomendable. Se trata de La Venus de las Pieles, de Leopold Von Sacher-Masoch (BackList, 2009). El libro nos describe la relación amorosa que el autor mantuvo con Fanny von Pistor, relación culminada con un “contrato de esclavitud” -es lo que tiene la pasión desbordada- e incluida igualmente en la historia.

En ella, el apasionado y temeroso esclavo Severin -el alter ego de Leopold- vive en sus carnes el catálogo de lo que acabaría definiendo la disciplina masoquista: deseos de obediencia y entrega absoluta a su diosa Wanda, castigos y humillaciones recibidos de ella como regalos, todo ello ubicado en escenografías marcadas por fetichismos y texturas subyugantes (marta cebellina, pieles de armiño…) El libro arranca  con la imagen de la Venus del Espejo, de Tiziano (1555), y la debilidad que Severin siente por ella, por encarnar su ideal de mujer/diosa envuelta en pieles. Su deseo de hacer realidad esta fantasía le llevará a firmar -primero entusiasmado y luego asustado- un contrato de esclavitud con Wanda -primero asustada y más tarde  entusiasmada-. Severin también nos confiesa su debilidad por la Antigüedad clásica de la que se siente deudor, así como por las morbosas historias de mártires.

Respecto a la primera, posiblemente evocaría, además de a Venus, a una ninfa como la Dánae de Tiziano (1553) recibiendo la lluvia dorada de Zeus, o bien  a  Andrómeda presa de pánico, liberada por Perseo de la roca a la que ha sido encadenada (P.P. Rubens, 1640). El colmo de sufrimientos se los aportarían sin duda mártires como el S. Sebastián de Guido Reni (1610), o Santa Agueda de F. Guarino (1650), viendo en ellos un éxtasis que se aproximaba mucho a la exaltación del dolor con la que se identificaba.

Antes de despedir a Severin, no os perdáis la escultura erótica (¿?) que sirve de portada al libro. Se trata de Table Sculpture, de Allen Jones (1969)o cuando la  imaginación fetichista y el sentido práctico dieron como fruto …¡una mesa erótica! ¡Ah, y la canción Venus in Furs, de The Velvet Underground, (Strike, dear mistress, and cure his heart, “Golpéale, querida señorita, y cura su corazón”) inspirada en su historia.

    De éstas y otras lecturas sorprendentes y atrevidas se desprenden, inevitablemente, interesantes y cautivadoras sensaciones y, cómo no, algún que otro rechazo o repulsión. En cualquier caso, se trata de ficción, y como tal, alude a un universo sin límites morales o sociales.

   Y para seguir sorprendiéndonos, es obligado hacer la mención cinematográfica correspondiente. Os ofrezco una pequeña y personal selección de películas que abordan tan espinoso asunto, bien como tema central o en alguna secuencia aislada. Cine que, en ningún caso, os dejará indiferente, antes más bien os procurará fascinación, sorpresa, curiosidad o espanto por la intensidad y pasión que transmiten. O eso espero.

La idea del sacrificio, de la complacencia de los deseos del otro, por muy inverosímiles y repudiables que nos puedan parecer, planea por innumerables cintas y alcanza su cota máxima en la transgresora EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS (N.Oshima, 1976), con Kitichi ofreciéndose a ser estrangulado por Sada para que ésta pueda alcanzar el placer último: la petite morte y la grande morte al unísono.

Lo sorprendente es que está basada en un hecho real: Sada vagando tres días por Tokio con el miembro amputado de su amante resulta una inquietante visión. Por no hablar del sacrificio que se impone Bess en ROMPIENDO LAS OLAS (Lars von Trier, 1996), donde sacrifica su inocencia y su sentimiento de culpa porque su amado y accidentado Jan así se lo pide: que se acueste con otros hombres y se lo cuenta porque sólo eso le reporta placer. O incluso en PORTERO DE NOCHE (L.Cavani, 1973), donde el militar nazi arrepentido sacrifica su seguridad por volver a tener a su amante/prisionera, quien a su vez sacrifica una vida perfecta por volver a los brazos de su carcelero. Sorprendente ficción.

La tiranía del placer que sirve como hilo conductor abarca también una obediencia incondicional, como la que adopta con plena sumisión la protagonista de HISTORIA DE O (J. Jaeckin, 1975), dejándose grabar a fuego el cuerpo como marca de posesión o colocándose anillos en los labios (en esos no, en los otros).

En muchas películas  se repite también esa atracción oscura de dominación y sumisión, además de entre prisionera-carcelero, entre adúlteros como en EL IMPERIO DE LA PASIÓN (N. Oshima, 1978), o adornada también con tintes de venganza como en el caso de LUNAS DE HIEL (R. Polanski, 1992), que comprende perversiones y castigos físicos -casi anecdóticos frente a los emocionales y psíquicos que se regalan Mimi y Oscar-. El sufrimiento físico y emocional se pone también de manifiesto en las mutilaciones a que se someten algunas parejas cinematográficas: el miembro cercenado de Kitichi antes mencionado o las heridas que unos escalofriantes anzuelos causan a los protagonistas de LA ISLA (Kim Ki-Duk, 2000).

Paradójicamente, en todas ellas existe de fondo una historia de amor-odio, a primeras luces  incompatible e incomprensible; una mezcla de horror y placer con las que los protagonistas expresan su identidad: sufrimiento y humillación como prueba de amor (me quedo con la bellísima imagen de dos anzuelos formando un corazón, o la del amante perdido en la espesura del pubis de su amada en LA ISLA).

Para concluir mi selección personal mencionaré también la película CRASH (D. Cronenberg, 1996), inquietante e incómodo film donde la relación sadomasoquista está asociada con …¡los accidentes de coches! (tranquilidad: sólo es ficción). Interesantes son también las protagonistas de BELLE DE JOUR (L. Buñuel, 1967) , con Catherine Deneuve en el papel de Severine, (¿os suena el nombre?); la tímida Lee de SECRETARY (S. Shainberg, 2002) o la entusiasta Luci de PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTON (P. Almodóvar, 1980), por acabar con una referencia nacional.

Y vosotros, ¿estáis de acuerdo con las palabras de Maestro Yuko: “Hay pasión y lujuria en el abandono”, o “La humillación, el dolor y el placer son maneras de llegar a la sabiduría, a un universo nuevo”?

¿Conoces alguno de los libros o películas mencionadas? cuéntanos tu opinión, nos interesa mucho. ¡Adelante!

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